Está claro que relacionarse con los jóvenes no siempre es algo fácil. Nuestros entrevistados entregan algunas ideas que los profesores podrían tomar en cuenta.
a) Problema
Estaban conversando en el patio un grupo de alumnas de Octavo Básico. En promedio las edades de las niñas bordeaban los 14 y 15 años. De repente se acercó a lo lejos la profesora de Religión, la Miss Carolina Pérez. Ella quería compartir con las jóvenes unos minutos durante el recreo, quería conocerlas un poco más y poder entablar un pequeño diálogo, al menos. Desgraciadamente, Carolina ni se imaginaba la percepción que las niñas tenían de su persona. Hasta un sobrenombre le habían puesto, en atención a algunos rasgos físicos de su rostro. Justo cuando la profesora llegó al lugar, las niñas se quedaron en silencio, casi como si hubiese sucedido algo muy grave. Se miraron unas a otras, como si fuesen cómplices de alguna broma de mal gusto. Una de ellas, la que apodaban “Fanny”, se paró de inmediato, como si estuviese enojada por algo. Le habló en secreto a otra alumna, frunciendo el ceño. Su amiga, le obedeció rápido y le siguió. Una a una fueron abandonando el lugar, y en menos de cinco minutos, la profesora se quedó sola, como pidiendo una explicación. La orientación es necesaria La profesora quedó preocupada, más que eso muy inquieta. Sabía que ese tipo de comportamiento es frecuente en jóvenes de esa edad, pero eso no la dejaba tranquila. De hecho, lo que le había ocurrido a ella, también se lo comentó otra de sus colegas, la profesora de Matemática, Carla Paredes. Pidió una hora con la orientadora del colegio para que le entregara las claves de cómo acercarse a las adolescentes en la época actual, y que al mismo tiempo pudiesen servir de guía para los padres y apoderados de esas niñas.
b) Posibles Soluciones Según la psicóloga de la Universidad Católica, Luz María Costabal, en la etapa de la adolescencia son múltiples los desafíos que deben enfrentar los profesores, uno de ellos es el rendimiento de los alumnos, ya que baja la capacidad de concentración, disminuye la motivación y se empobrece la perseverancia en el estudio. Pero más complicado aún es aprender a acercarse a ellos, en una etapa de cambios bruscos en sus estados de ánimo. “Los hombres se vuelven agresivos y desafiantes. En cambio, las mujeres están más sensibles, susceptibles a la crítica (que por lo general interpretan como un rechazo a su propia persona)”. Además, cuesta encontrar momentos adecuados para acercarse a los jóvenes, particularmente en colegios mixtos, ya que en el patio o en el recreo, apunta la experta, “el despertar hormonal ha abierto en los adolescentes un mundo nuevo en la atracción mutua. Aparecen los primeros enamoramientos”.
¿Cómo acercarse a los alumnos? La psicóloga entrega pautas para llegar a los alumnos y conversar con ellos: 1.- Invitar a reunión a los líderes del curso. El profesor debe seleccionar a un grupo de jóvenes (hombres y mujeres), particularmente aquellos que sean un poco problemáticos y que usualmente están organizando cosas y “revolviendo el gallinero”. Si preguntan por qué se los ha seleccionado, les debe explicar que se han detectado en ellos “rasgos” de liderazgo y que se trata de organizar juntos un grupo que lidere al resto del curso para organizar distintas actividades, como por ejemplo: Ayuda social (recolección de recursos en invierno, víveres, frazadas); o evaluación de temas para futuros debates escolares (discusión interesante acerca de temas como aborto, relaciones prematrimoniales, etc.). Esta actividad permitirá al profesor entrar en mayor contacto con los adolescentes. 2.- Entablar con los jóvenes temas que les sean atractivos, y que copen sus intereses, considerando la etapa de la vida que están viviendo. Por ejemplo, dice Luz María Costabal, se pueden pautear temas para cada día de la semana: Lunes: Cómo entender a los padres. Martes: ¿Te sientes incomprendido? Miércoles: ¿Me falta autoestima? Jueves: Yo quiero encontrar pololo/a. Viernes: Me asusta el futuro. 3.- Se pueden aplicar estrategias dentro de la sala de clases, que sean entretenidas y atractivas para los jóvenes. Por ejemplo, una de ellas es: - Dice el profesor:
“Necesito la biografía de ustedes. ¿Quién podría escribir una historia de su vida en una página y dejármela anónimamente sobre el escritorio mañana? Si alguien acepta que su biografía sea actuada a fin de año (obra de teatro), por favor, escribir la palabra “OBRA” bien visible. Los alumnos que deseen comentar su historia de vida conmigo, por favor, escribir la palabra “conversar”. Desde ya, gracias.
En esta actividad es importante, dice la psicóloga, que el profesor asegure a sus alumnos que esos detalles (Obra, Conversar) serán secretos. “No olvidemos que se trata de una etapa de la vida en que muchos adolescentes temen ser criticados o ridiculizados”.
Claves para el profesor Además de realizar este tipo de actividades, el profesor al momento de relacionarse con los jóvenes debe poner atención en dos aspectos relevantes: 1.- No invadir grupos que están conversando en el recreo, sin haber sido previamente invitado a participar. Es más efectivo acercarse y conocer a los alumnos en forma individual.
Héctor Canquil, profesor de Estado en Educación General Básica y asesor de Lenguaje de los colegios de la Sociedad San Vicente de Paul, afirma: “Si yo quiero involucrarme con mis alumnos, yo nunca puedo ir al grupo, tengo que ir a la persona. Y si quiero ser mucho más efectivo, debo ir al líder del grupo. Si capto la atención del líder del grupo y el líder conversa conmigo, todo su grupo se va a acercar a mí o yo voy a poder conversar con ellos”. Explica que al menos en un principio el contacto tiene que ser individual. “La comunicación es por esencia individual y no grupal. Para que sea efectiva, tiene que ser individual. Y yo para eso tengo que ganármelos a ellos a partir de situaciones sencillas de la vida diaria. Pequeñas cosas: el saludo, preguntarle cómo está, preguntarle por los padres, mandarles saludos a los papás. Es distinto decirle: “Dale saludos a tu papá”, que decirle: “Dale saludos a don José y doña María”; es distinto porque ese trato tiene nombre y apellido. Si yo sé el nombre de los papás de mi alumno, ese alumno indirectamente sabe que yo ya rompí un esquema, que yo estoy en su casa en forma indirecta. Por otra parte, es bueno que el profesor antes de conversar con un alumno estudie su hoja de vida, vea en qué colegio estudió, etc. Porque no hay nada mejor que cuando a uno le preguntan cosas del pasado de uno. Por ejemplo: “Leí tus antecedentes y supe que ganaste un premio cuando estabas en Sexto Básico, cuéntame de ese premio, ¿todavía lo tienes?” Si empiezo así, el alumno inmediatamente baja las barreras. El profesor jefe tiene que manejar mucho este tipo de información si quiere acercarse a sus alumnos, más aún cuando son adolescentes”. 2.- Una vez que se ha logrado tomar un contacto más cercano con el alumno, es importante intentar ser amoroso como un padre, esto incluso puede reemplazar el afecto de un papá o una mamá ausente. Lo importante es poder conversar con el alumno, escuchándole y ganándose su confianza.
Directrices Claves Carolina Dell Oro, filósofa de la Universidad Católica, es contraria a entregar recetas sobre cómo educar en la etapa de la adolescencia, porque “no trabajamos con ingredientes sino con personas que existen”, pero entrega algunas recomendaciones que siempre nos van a servir de guía a la hora de educar: 1. Los buenos alimentos interiores. El mundo interior se enriquece cuando está bien alimentado. ¿Cuánta buena literatura podemos encontrar y compartirla con nuestros hijos y alumnos? ¿Cuántos buenos cuentos, historias de personajes o héroes, en fin todo aquello que ayude a encaminar su alma hacia lo grande? 2. Los momentos de soledad: Todos necesitamos espacios de soledad en los que podamos entrar en nuestro interior. No dejemos que el mundo atosigue a los hijos o alumnos de estímulos que sólo los llevan a enajenarse y perder el sentido de la etapa que están viviendo. 3. Ayudarles a creer: Apoyarlos para que sean capaces de creer en sí mismos y en los grandes ideales que pueden tener y hacer realidad. Es importante compartir con ellos esos grandes desafíos, incluso aquellos que nos pertenecen y han sido nuestros, aquellos que nos ha motivado a nosotros durante la vida.
Autor: Marcela Paz Muñoz I.
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